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Cuando enseñar también te enseña

Una reflexión sobre cómo la docencia no solo transforma a los estudiantes, sino también al propio educador.



Ser profe no solo significa dar clases. Significa aprender a diario, sorprenderse con cada historia, cambiar con cada generación. Cuando entramos al aula, llevamos libros, planeaciones y conocimientos. Pero muchas veces, salimos con algo mucho más valioso: aprendizajes del alma.

Ese niño que te reta todos los días... te enseña paciencia. Esa estudiante que se esfuerza sin que nadie la vea... te enseña resiliencia.


Ese grupo que parecía imposible... te enseña a reinventarte.

La docencia, cuando se vive desde el corazón, no es un trabajo unilateral. Es una relación humana, viva, que cambia a todos los que hacen parte de ella. Por eso, no hay mejor maestro que aquel que nunca deja de ser alumno.

 
 
 

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